Estamos acabando un año más. Que traicionero es el tiempo.

Juraría que aún hoy sigo en Lanzarote pensando que se me acabó el Clipper y tengo que ir a por más. Aún pongo la tele y me espero un documental de la Sagrada Familia mientras me asomo al balcón del hotel y ojeo el paseo de Gracia de Barcelona. Aún despierto y abro la ventana esperando el rugir de las olas en Málaga. O bajo a la calle buscando algo parecido al albaicín mientras la calle rebuzna olor a cuero. O bajo la vista al suelo mientras piso la estrella de Antonio Banderas en el paseo de la fama. O salgo a la puerta del Caesars Palace y compruebo que es de noche.

Y no, no hay gente en bikini. Al contrario, ya están colocando las luces de navidad y desde hace un par de semanas ya veo mantecados en las tiendas. Los días son cada vez más cortos y el frio cada vez cala más en los huesos. Efectivamente, al año le quedan dos telediarios.

Y no me gusta nada de esto. En nada, epezamos con los villancicos y los buenos mensajes forzados. El cinismo nos acecha y yo ya lo estoy esperando con un buen armamento de sinceridad.

A todos aquellos a los que tienes pensando enviarle un mensaje en plena Navidad… ¿te doy un consejo? Mándalo ahora. Sí, hoy. En octubre. No esperes a convertirte de nuevo en lo que no quieres ser, un completo imbécil.