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El principio de la Estrella de Rock

En mis años de experiencia en empresas tecnológicas he podido ver cómo la mayoría de la gente es mediocre. Es así. Programadores mediocres hay a patadas, analistas mediocres a puñados, consultores mediocres hasta debajo de las piedras, y gerentes mediocres… ¿el 99%?. Aquí posiblemente podemos pensar que si pagas con cacahuetes solo puedes aspirar a contratar monos. Esto es cierto, pero también es cierto que hay mucho mediocre cobrando buenos sueldos. Lo he visto con mis propios ojos. La mediocridad está presente en todas partes.

Luego, hay una minoría top que rinde 5, 10 o 20 veces más que cualquier otra persona del equipo. Y de nuevo, nada que corresponda con el sueldo. He conocido a auténticos cracks cobrando por debajo de la media de una empresa. Primero porque no se valoran ellos mismos, y segundo porque la empresa tampoco los valoran lo suficiente.

Pues bien, referente a esto que os cuento os pego un extracto de lo que dijo el CEO de Netflix, Reed Hastings, este mismo mes (podéis ver el texto completo aquí):

En los primeros años de Netflix, crecíamos rápidamente y necesitábamos contratar más ingenieros de software. Con mi nuevo entendimiento de que la alta densidad de talento sería el motor de nuestro éxito, nos centramos en encontrar a los mejores en el mercado. En Silicon Valley muchos de ellos trabajaban para Google, Apple y Facebook… y les pagaban mucho. No teníamos el dinero para atraerlos. Pero, como ingeniero, estaba familiarizado con un concepto que se ha entendido en el software desde 1968, referido como “El principio de la estrella de rock”. El principio de la estrella de rock tiene sus raíces en un famoso estudio que tuvo lugar en un sótano de Santa Mónica, California. A las 6:30 a.m., nueve aprendices de programador fueron llevados a una sala con docenas de computadoras. A cada uno se le entregó un sobre de manila, explicando una serie de tareas de codificación y depuración que tendrían que completar de la mejor manera posible en los próximos 120 minutos. Los investigadores esperaban que el mejor programador superara a su homólogo promedio en un factor de dos o tres. Pero resultó que el programador más hábil superó con creces al peor. Fue 20 veces más rápido en la codificación, 25 veces más rápido en la depuración y 10 veces más rápido en la ejecución del programa que el programador con las notas más bajas.

Este estudio ha retumbado en toda la industria del software desde su publicación, mientras los gerentes se enfrentan a cómo algunos programadores pueden valer mucho más que sus colegas perfectamente adecuados. Con una cantidad fija de dinero para los salarios y un proyecto que necesitaba completar, tenía una opción: contratar de 10 a 25 ingenieros promedio, o contratar a una “estrella del rock” y pagar significativamente más que lo que pagaría a los otros, si fuera necesario. …

En la industria del software, este es un principio conocido (aunque todavía muy debatido). Empecé a pensar en dónde se aplicaba este modelo fuera de la industria del software. La razón por la que el ingeniero estrella del rock es mucho más valioso que sus homólogos no es exclusiva de la programación. El gran ingeniero de software es increíblemente creativo y puede ver patrones conceptuales que otros no pueden.

No puedo estar más de acuerdo con estas palabras. Aquí no estamos hablando del picacódigo puro y duro. Hablamos de ingenieros de software que no se le pide ser el más rápido en mecanografía. Se le pide ser el más rápido en dar buenas soluciones a problemas, y en entender el negocio igual o mejor que cualquier otra persona.

Los mejores desarrolladores comprenden completamente lo que van a construir. Con esta base diseñan un sistema que captura toda la esencia del negocio permitiendo a futuro extenderlo sin un esfuerzo extremo. El ingeniero mediocre construye un sistema que cumple con los primeros requisitos solicitados y ya. Y eso en el mejor de los casos.